![]() |
|
![]() |
![]() |
JPII: lecciones de management
Carles M. Canals
 |
JPII: lecciones de management
Carles M. Canals
La Iglesia Católica no es, evidentemente, una organización como las demás. Pero del modo en que la ha liderado el papa Juan Pablo II se pueden extraer algunas lecciones de management:
Una misión ilusionante. Cuando Wojtyla accedió al pontificado, muchos eclesiásticos llevaban décadas centrados en sí mismos, dedicados a pesimistas análisis psicológicos, sociológicos y estructurales. El nuevo papa centró el foco en lo distintivo de la Iglesia, Cristo: “No tengáis miedo. Servid, con el poder de Cristo, a la persona humana y a toda la humanidad”, dijo en su primer mensaje. Luego lanzó un reto: volver a evangelizar los países de vieja tradición cristiana.
Fijar el ‘core business’. La Iglesia no es una ONG más. Lo esencial es la relación personal con Dios. Para los cristianos, portarse bien con los demás (la moral) debe ser consecuencia de la fe, la oración y los sacramentos. JPII dijo muchas veces que su primera obligación era rezar. En cuestiones accesorias, desde el primer día se saltó el protocolo tradicional. Al referirse a sí mismo, prescindió del secular ‘Nos’ para pasar al ‘yo’.
Profundizar y divulgar la cultura corporativa. Juan Pablo II ha escrito docenas de documentos y ha pronunciado miles de homilías, aportando la fe católica a los problemas actuales. Sintetizó la doctrina en un nuevo Catecismo de la Iglesia: el anterior era del año 1905.
Reconocer los errores y pedir perdón. En el jubileo del año 2000 hizo público un “un sincero reconocimiento de las culpas cometidas por los hijos de la Iglesia en el pasado”: antisemitismo, esclavitud, intolerancia, falta de respeto a la mujer... Varias veces ha hecho una mención especial del Holocausto. El papa hizo estudiar la condena a Galileo y cuando se comprobó que los cardenales se habían equivocado, hizo publicar íntegro el informe. Muchos católicos escandalizados por el pasado tuvieron claro que se había ido en contra de la doctrina de la Iglesia, y ésta mejoró su credibilidad.
No rebajar la calidad. Juan Pablo II no rebajó las exigencias morales del catolicismo, y la mayoría de los ‘clientes’ respondió bien. Pese a las críticas, sobre todo por la ética sexual, transmitió íntegramente el mensaje de Cristo, quien no dijo que seguirle fuese fácil o cómodo.
Ir a primera fila. En la década de los setenta, no pocos obispos y sacerdotes iban a la suya y no se ocupaban de hacer llegar a los fieles el mensaje del máximo jefe de la Iglesia. Juan Pablo II decidió ir por todo el mundo a predicar de viva voz y conocer personalmente los problemas e inquietudes de la gente. Puenteó a la burocracia: si los fieles no van al templo, el pastor acude a su encuentro. Sorprendentemente para los eclesiásticos de la ‘vieja guardia’, la respuesta fue muy positiva. Para estar informado y transmitir ánimos, casi cada día tenía invitados a desayunar y comer en el Vaticano.
Transparencia. En materia de comunicación, la Iglesia pasó del siglo XIX al XXI. Fue el primer papa en someterse a ruedas de prensa. También con la tecnología más avanzada, la Iglesia empezó a informar de todo: de lo bueno y de lo malo.
Afán de aprender. En verano hablaba con profesores de filosofía, biología, medicina: eso le ayudaba a preparar sus documentos de moral. Estudió a fondo varios idiomas. Acudió a expertos, curas y laicos, para que se ocupasen de las actividades más técnicas de la Iglesia y sus organismos: comunicación, finanzas, bioética... Siempre escuchó el consejo de los obispos locales y de los nuncios.
Delegar. Con Juan Pablo II, el cardenalato dejó de ser un título meramente honorífico: todos pasaron a tener algún encargo en el gobierno de la Iglesia. Cuando estalló el escándalo de los sacerdotes pederastras en Estados Unidos, siguió de cerca el problema, pero exigió a los obispos locales que estudiasen cómo resolverlo.
Aprovechar el equipo humano. Aunque al acceder al pontificado tenía a parte de la burocracia vaticana en contra, no destituyó a nadie: se ganó su lealtad y se acoplaron a él.
Reglas de juego claras. Promulgó un nuevo Código de Derecho Canónico para sustituir al vigente desde 1917. La redacción había comenzado en 1966, pero estaba empantanada. En 1982 Juan Pablo II decidió ocuparse personalmente, y en menos de un año estaba acabado.
Reprender y castigar. Cuando el obispo Lefevre desobedeció y ordenó a otros obispos, Juan Pablo II le excomulgó. Quitó el título de ‘profesores católicos’ a teólogos mediáticos como Küng y Boff que enseñaban doctrinas contrarias a la de Iglesia: el producto que ofrecen no reúne las condiciones de seguridad y calidad adecuados.
Motivar. Dio ejemplo personal. Al beatificar y canonizar a miles de personas, lanzaba el mensaje de que la santidad es accesible a todos. Apoyó en público (y le acabó nombrando presidente de Justicia y Paz) a un sacerdote que le advirtió de que le iban a recortar una parte importante de un discurso en la ONU. Uno de sus secretarios comentó: ‘nunca se enfada por errores burocráticos o faltas de eficiencia, sino por la deslealtad’.
Descansar. Hizo instalar una piscina en el Vaticano (‘Sale más barata que convocar otro cónclave’, replicó a un burócrata de Roma). Cada verano iba a pasar unos días en la montaña.
|
[VOLVER]
|
|
|
|
![]() |
![]() |