16 de Octubre de 2006
Carta del Director del Congreso
Una revolución ética y estética
Fernando Jáuregui
Estamos en la recta final. Dentro ya de pocas horas se inaugurará el congreso internacional de Nuevo Periodismo que dirijo y que, con un grupo de magníficos colaboradores --Patricia Corrons, Amparo Tórtola, Rosa Jiménez Cano, Manuel Angel Menéndez, entre otros–, vengo preparando desde hace cerca de un año. Quisimos, entonces, dar respuesta a muchas preguntas que la revolución que estamos viviendo en la comunicación traía consigo; ahora es el momento de intentar responderlas.
¿Qué transformaciones ha de procurarse la prensa de pago de papel para seguir siendo competitiva ante lo que viene? ¿Cómo atajar a quienes quieren aprovecharse, en detrimento de la libertad de expresión y de la verdad, de las nuevas vías de la información? ¿Qué cambios jurídicos, laborales, sociales, económicos, reclama esta revolución posGutenberg? ¿Cuál es el futuro de la información personalizada? ¿Hasta dónde ha de llegar el periodismo ciudadano? Las nuevas tecnologías, ¿acercan o ensanchan el abismo entre el mundo desarrollado y el en desarrollo?
Así, diferentes aspectos que rodean al mundo de la información a consecuencia de la revolución de internet, con las dimensiones, posibilidades, trucos y limitaciones que la Red ofrece, serán algunos de los aspectos que se traten en esta cita, que yo quisiera obligada para cualquier profesional de la comunicación.
Estas son, en todo caso, apenas unas pocas de las muchas cuestiones que, como espadas de Damocles, penden sobre nuestras cabezas. Para tratar de responderlas, o al menos analizarlas, en Valencia se darán cita esta semana en el auditorio Mar Rojo del Oceanográfico algunos de los mejores profesionales y expertos de comunicación tanto nacionales como internacionales.
Porque al congreso vienen los mejores. Tal vez no estén todos los que son, pero son todos los que están: medio centenar de panelistas, casi quinientos asistentes y, paralelamente al congreso, una ‘cumbre’ de los decanos de facultades de Ciencias de la Información de toda España. En este sentido, debo agradecer a la Generalitat Valenciana su respaldo ’sin injerencias’ y a los diferentes patrocinadores su apoyo económico, porque gracias a él se ha podido concretar este viejo sueño: me parece justo que la iniciativa privada colabore a que estas reflexiones colectivas, en las que se ponen en común tantas vivencias e investigaciones, puedan llevarse a cabo. También he de agradecer que buena parte de los colaboradores haya prestado su ayuda desinteresadamente: yo mismo puse como condición previa, para no entorpecer mi libertad de acción, el carácter gratuíto de mis servicios.
Porque encarar lo que está ocurriendo exige mucha independencia. No depender de recetas manidas ni de consignas políticas o de cualquier otra clase. Y es que la situación actual ha roto casi todos los esquemas éticos y estéticos, y hay que encararla con nuevos ojos. Se han roto ya muchos moldes, algunas viejas concepciones y bastantes tabués. Pero lo fundamental queda: ‘noticia es todo aquello que alguien no quiere que se publique’. Y la eterna esencia del periodismo sigue en pie: contar y analizar lo que ha pasado, está pasando o va a pasar. Muy lejos de la moda creciente que consiste en inventar la realidad y sacudir con este invento a quienes no piensan como nosotros. Una clara corrupción de los sagrados esquemas del periodismo, una corrupción que quiere dar a esta profesión alcances, tintes de espectáculo y atribuciones que no le corresponden.
A quienes pretenden erigirse en juzgadores de lo bueno y lo malo, en hacedores supremos de la verdad, las cosas se les van a poner más difíciles en esta nueva época. Estamos en la era de la interactividad, en la que el papel del receptor de la información es tan importante como el del emisor. Y, así, el lector, oyente, telespectador, reclama para sí un papel de crítico en directo, de respuesta que complementa o anula, en su caso, el mensaje que emite el informador. No es solamente, pues, una revolución tecnológica la que nos está llegando; es una revolución moral, social, económica, que afecta a todos los órdenes de lo que ha venido hasta ahora siendo nuestra existencia. No solamente la de los periodistas y comunicadores, sino la de todos. Porque la información, tras la vida y la integridad física, es el valor más importante que puede tener la persona.
Así, el debate sobre nuevo periodismo –que no es solamente nuevas tecnologías aplicadas al periodismo– incluye pasar revista a las experiencias acumuladas por especialistas que han tenido ocasión de meditar largamente en los problemas que acarrea esta nueva era de la comunicación, en la que las prohibiciones y las censuras se van a hacer mucho más difíciles de controlar. Y también los excesos y las perversiones de lo que debe de ser la pura información.
Tras el congreso, que sigue la estela de magníficos precedentes –que ahí siguen, y seguirán, en la batalla–, como el congreso de Periodismo Digital de Huesca (va por su séptima edición) o las experiencias de Extremadura o Fuengirola, por citar apenas algunos de los muchos intentos nacionales que se dan en este campo, tenemos la pretensión de plasmar lo tratado en un libro. Un volumen que no solamente recoja lo dicho en el congreso de Valencia, sino otros varios ensayos sobre los diferentes aspectos de lo que venimos llamando, y no definiendo del todo, “nuevo periodismo”: el digital, la comunicación de noticias vía telefónica, las nuevas fórmulas en radio y televisión, la prensa gratuíta… Ojalá sirva todo ello para afrontar la revolución en comunicación más importante tras Gutenberg –más importante aún, me parece, que la irrupción de la radio y la televisión– desde un punto de vista de enriquecimiento humanístico, cultural y moral.
La empresa merece, pues, la pena. Bienvenidos al espíritu del congreso.
Un cordial saludo,
Fernando Jáuregui
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